domingo, 22 de febrero de 2026

RUNNING DE ALTURA Y OSTIA DE LAS BUENAS UN DÍA QUE DEBÍA HABER SIDO DE MTB...

 


 

DATOS TÉCNICOS SALIDA


Salida de 12,63Km
Tiempo Real de Carrera 1h 19min 00seg
Tiempo Total de Carrera 1h 19min 32seg
Ritmo Medio 6,15m/Km
Velocidad Media 9,60Km/h
FC Media (Mosquito) 152ppm
FC Máxima (Mosquito) 175ppm
FC Zona 1 (89-105ppm) 0%
FC Zona 2 (106-123 ppm) 0%
FC Zona 3 (124-141 ppm) 5%
FC Zona 4 (142-158 ppm)  67%
FC Zona 5 (159-177 ppm) 25%
Calorías (Mosquito)  1.015Kcal
Desnivel Positivo Acumulado 377m
IBP 75 RNG 
Ruta Carrera Olesa-Creu de Beca-Pla del Fideuer-Creu de Beca-Olesa...
Paradas  Tras la caída, para autochequearme a mi mismo...
Valientes guerreros  Mosquito...


Día complejo de entender, de interpretar.


Hoy el día era espectacular en todos los sentidos para realizar cualquier actividad al aire libre. 


De hecho, la montaña estaba infectada de domingueritos que aprovechan los primeros rayos de sol para tirarse al monte.


Mi intención era clara el día de antes, hacer MTB, pero no cualquier cosa.


Como mi pareja de baile me volvía a fallar por temas húmedos, dejémoslo ahí, pues me tuve que proponer un retito para el Domingo.


Y el retito no era otro que hacer un Cogulló sin escalas, sin almuerzo, o lo que es lo mismo, un Centro Geodésico en Castellfollit del Boix.


No es que sea una ruta ultra chunga, o super larga o mega dura, pero en el estado actual de forma y entrenos, a priori era una ruta con cara y ojos.


Peroooo no, no iba a ser posible.


El entrenode 2 horas y 15 minutos en rodillo del jueves me dejaron un pequeño regalito en forma de inflamación nalgárea derecha, o quizás un pelillo que quería crecer para adentro, o quizás una ampolla de las 2 horas y 15 minutos de Hámster del jueves.


El caso es que ya me di cuenta el sábado noche, con todo el equipo 100% preparado para madrugar, que mi culín no podía soportar ese esfuerzo de tantas horas sentado.


Así que con toda la desgracia del mundo, me tuve que replantear la actividad de la mañana siguiente.

 

Y no fue extraño pensar que una super ruta de running sería mi siguiente entreno.

 

Así es como hoy, con ganar de hacer algo grande, pensé en muchas y diferentes rutas para realizar.

 

Como no sabía con cual de ellas quedarme, pues que mejor que ir haciendo sobre la marcha.

 

Y así ha sido.

 

Para empezar me dio por subir al Plà del Fideuer desde la Creu de Beca, osea, de la pista de atletismo, ascensión que no suelo hacer desde hace años, más que nada para evitar las fuertes rampas iniciales.


Pero bueno, como mi mente estaba en modo positivo, pues al ataque.


Pronto me encontré con una auténtica marabunta de domingueritos que habían salido a experimentar con los rayos de sol.


Cuando llegué a la cumbre, el esfuerzo había sido tal, que decidí no seguir añadiendo dureza a la ruta, y es que la realidad pone a cada uno en su sitio.


Y comencé la bajada a un ritmo chulo, incluso alto por momentos.


Y así es como, ya con todo lo duro casi bajado del todo, llegó el momento del ostión.


Tras dejar la Creu de Beca a mi espalda y bordear la granja de los cerdos, no sé que pie tropezó con una piedra, y lo malo es que fue todo tan rápido que no tuve tiempo de equilibrarme, de corregir la inminente caída, ni de hacer nada.


En un segundo estaba en el suelo esparramado, y claro, si bajas algo rápido, pues el esparrame es un poco más longevo por el suelo.


Y precisamente el suelo en el que decidí aterrizar por el tropiezo estaba plagado de rocas, piedras, tierra y graba.


Así que mi deslizamiento por el suelo hizo que me saltara la piel de mis manos, rodilla izquierda y cadera izquierda.

 

En el suelo traté de pensar en lo sucedido y en la mala suerte, pero bueno, quien no corre difícilmente se caerá.

 

Me levanté, comprobé las palmas de mis manos, traté de quitarme el resto de piedras incrustadas en ellas, escupir para medio limpiar, y mirarme el pantalón de la zona izquierda.


En ese momento no detecté la doble brecha de la rodilla ni la quemadura de la cadera, pues el pantalón impedían analizar esas heridas.


Saqué el polvo de mis ropajes, probé mis piernas, miré que mi reloj, gafas, y resto de enseres no hubieran salido despedidos, y reanudé la marcha.


Siempre con la intención que no se me enfriara alguna zona golpeada y me doliese en exceso.


Llegué a mi castillo bien, pero ya noté que a parte de las palmas de mis manos, la rodilla y la cadera estaban algo afectadas.

 

En el castillo me tocó lamerme las heridas y curarlas de forma más profesional.


Así es como pasé el resto del día y la tarde, dolorido pero contento, porque las caídas son las muescas de nuestras hazañas, y si son leves, pues mejor que mejor.



 

 

La ruta y el perfil...

 

 

1 comentario:

Mosquito Navarro dijo...

Ya tenemos otra historia que contar.